Entre líneas rectas y callejones, hay una vibración que nadie quiere escuchar.
Escanea el QR del capítulo I y descubre las hipótesis de Nohar sobre la misteriosa conexión entre el Eixample y el Gótico.
ANTICIPO VERSIÓN EXTENDIDA CAPÍTULO I
“Barcelona no se deja mirar desde arriba.
Hay que hundirse en ella, como quien sigue una grieta con los dedos.”
Al principio no fue más que un ruido.
Un zumbido bajo, constante, que aparecía y desaparecía sin patrón claro.
Lo oía en los trayectos diarios: al cruzar Urquinaona, al pasar por Via Laietana, al borde de la Catedral.
Pensé que era el metro, o los respiraderos subterráneos.
Hasta que empecé a notar que solo sonaba en ciertos lugares, siempre los mismos, y que variaba su tono cuando cambiaba de calle.
Era como si cada tramo de la ciudad tuviera su propia frecuencia, una nota casi inaudible que se repite en el fondo.
Durante días lo ignoré.
Después, me descubrí trazando líneas sobre el mapa, buscando patrones.
Y allí estaban: cinco zonas donde el rumor se intensifica, cinco puntos donde lo antiguo y lo moderno se cruzan sin fundirse.
Al unirlos, la forma que apareció no correspondía a ningún plano conocido.
Un pentágono irregular, una figura incompleta.
Desde entonces, no dejo de pensar que quizá Barcelona no sea una sola ciudad, sino dos: una visible, y otra que respira justo debajo, desplazada apenas un milímetro en el tiempo.
No pretendo probar nada.
Solo registrar lo que la razón no alcanza a ordenar.